Ayer sólo supe de elogios al discurso de Mario Vargas Llosa así que decidí escucharlo entero. No estaba de muy buen humor, pero debo admitir que me dejé llevar por la fabulosa prosa del arequipeño y de repente mi ánimo empezó a tomar la dirección que el premio Nóbel trazaba con cada palabra.
Evidentemente, el momento más emotivo del discurso fueron las dulces y emocionadas palabras que dedicó al amor de su vida, Patricia. Me llevó de vuelta a las páginas de "El amor en los tiempos del Cólera" y las mil maneras en que Florentino Ariza demostraba el amor que sentía por Fermina Daza, sin siquiera imaginar que Javier Bardem vendría a estropearlo todo con su interpretación 30 años después. Igual, no importa. Habían ido sin más al grano del amor, a una edad en la que el amor, lejos de ser una cochinada, puede ser lo más lindo del mundo.
Diciembre del 2010

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